Una de las principales razones por las que los proyectos digitales en instituciones se demoran no es técnica ni de presupuesto, sino de burocracia. Cada firma, cada comité y cada revisión añaden eslabones a una cadena que retrasa el impacto que se busca lograr.
Es comprensible: muchas veces se intenta “hacer todo en regla” para evitar problemas legales, mantener orden administrativo o responder a incentivos de poder internos. Pero ese cuidado excesivo termina afectando a quienes deberían beneficiarse de los proyectos: la sociedad.
El contraste con el libre mercado
En el mercado libre, las decisiones se toman rápido porque el incentivo es claro: ganar y servir a las necesidades de la gente. Una empresa que demora meses en decidir pierde clientes, reputación y competitividad; por eso actúa con agilidad, prueba y corrige sobre la marcha.
En cambio, en muchas instituciones los incentivos son distintos: priorizar la cobertura legal, mantener estructuras de poder o seguir protocolos extensos. El resultado es más lentitud, menos ejecución y menor impacto social.
El verdadero sentido de lo digital: reducir fricción
Un proyecto digital no debe complicar la vida del ciudadano ni hacerle gastar más tiempo o dinero. Lo digital debe recortar fricción, transformando lo que por naturaleza es demorado, complejo o coercitivo en algo más simple y accesible.
Ejemplos prácticos de simplificación
- Trámites pesados llevados a la web con diseño centrado en el usuario: menos pasos, validaciones automáticas y guías claras.
- Procesos de información que antes requerían múltiples ventanillas: un portal claro con rutas directas y lenguaje llano.
- Servicios con barreras: acercarlos a más personas en menos clics, con pagos y confirmaciones inmediatas.
Decidir a tiempo es servir mejor
Cuando una institución comprende esta lógica, entiende que decidir más rápido no es un riesgo, es un servicio. Cada mes de demora en aprobar un proyecto digital puede equivaler a un año menos de impacto real para la comunidad.
Transformar digitalmente no es digitalizar la burocracia: es reducirla para servir mejor a la sociedad.
Tecnología en monopolios estatales: menos fricción para el ciudadano
Aun reconociendo que, desde una visión filosófica, lo que está bajo monopolio estatal tiende a ser coercitivo e ineficiente, la tecnología puede y debe usarse para minimizar esa fricción. Si la carga obligatoria ya existe, la experiencia del ciudadano no debería ser un laberinto, sino un proceso rápido, simple y verificable.
Así, los proyectos digitales dejan de verse como trámites adicionales y se convierten en lo que deben ser: herramientas para simplificar, agilizar y acercar la institución a quienes más lo necesitan.